Porque todos tenemos esos aparatitos que fueron nuestro orgullo en su momento y hoy sólo viven en nuestra memoria, u ocultos de la vista de los demás por vergüenza, no sea cosa que piensen que somos unos vejetes. Muchos han dejado de sernos útiles porque algo mejor los ha reemplazado, otros porque pasaron a mejor vida, algunos fueron objeto de nuestra caridad (regalamos ese walkman en los '90 para comprar el discman), etc., pero casi todos forman parte de nuestra historia personal como este que les muestro a continuación:

Para aquellos que no lo reconozcan por la foto, les comento que este dispositivo es una unidad zip externa de 100 mb, era fabricado por la empresa Iomega allá por mediados de los noventa y se presentaba como la revolución en almacenamiento masivo.
Claro que nunca esperaron el éxito del CD-R(W) con sus 650 mb y su precio notablemente inferior.
Recuerdo que siempre lo usaba en la universidad para pasarnos datos con algunos compañeros porque por esos días no todas las pcs tenían lectoras de CD y siempre teníamos algún archivo que pasaba de la cantidad práctica de transporte de disquetes. Era una locura, tenía casi cien disquetes en uno solo, claro que tampoco todo el mundo poseía una unidad zip, por eso me la compré externa, por puerto paralelo (el usb se masificó un tiempo después).
Lamentablemente, al tiempo de aparecer la nueva versión de 250 mb (una cantidad de información impresionante), se descubrió una enfermedad que atacaba a las unidades zip: el famoso clic de la muerte (click of death) que hacía que la disquetera comenzara a emitir ese sonido característico (clic, clic, clic) al intentar leer reiteradamente el disquete.
El mal sólo afectaba a las versiones externas de 100 mb (que suerte la mía), y al parecer, producía una infección en el disco que se insertaba en la lectora defectuosa, propagando el mal, una especie de virus.
Creo que la poca visión del mercado, sumado al click of death causaron la desaparición del zip, tanto así que fue catalogado por PC World como uno de los peores 25 productos tecnológicos de todos los tiempos.
Como no podía ser de otra manera, mi zip drive enfermó con el clic de la muerte y falleció, al tiempo cambié de trabajo y en mi nueva oficina teníamos un zip drive usb, así que pude sacar parte de esos datos.
Todavía conservo mi unidad zip con su transformador y unos cuatro disquetes, que, aunque sé que jamás voy a volver a utilizar me cuesta deshacerme de esas cosas.





